La Solidaridad está de moda

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En los últimos tiempos, cuando intentamos sensibilizar a las personas que forman parte de nuestro círculo más cercano acerca de la importancia de la solidaridad con aquellos que se hallan en situaciones deprimidas, de pobreza o de falta de oportunidades, muchas son las que, torciendo la cabeza, responden que no pueden apoyar esta o aquella causa por razón de la crisis, aunque, conociéndolas, sabemos que su situación no se ha visto seriamente afectada ni por el desempleo ni por la reducción de sus ingresos.

Paradójicamente y con frecuencia, cada vez que se enchufa la televisión, aparecen famosos de este o aquel campo que están de gira por países del sur, llevando a cabo labores de carácter humanitario o solidario. Evidentemente se trata de personas con un alto poder adquisitivo y a todos nos parece estupendo que dediquen parte de sus ‘glamourosas’ vidas y de sus muchos ingresos a compartirlos con aquellos que menos tienen.

Hace unos días, en el diario El País, aparecía un artículo de Elvira Lindo, con el título Por caridad. En él se mencionaba a las ‘superestrellas’ que viven rodeadas de un enjambre de servidores que atienden no sólo a sus contratos y compromisos, sino que cuidan de la imagen de la o el divo, de sus propiedades y de otros asuntos, sumando una media de cuarenta personas. Es bueno que este tipo de personajes públicos no sólo gane mucho dinero, sino que es especialmente bueno que de trabajo a tanta gente.

Comentaba la autora del artículo que, desde hace algún tiempo, a esta corte de subordinados se ha sumado la figura del Philantropy adviser, es decir el ‘consejero filantrópico’. Este personaje es el encargado de gestionar las visitas de ‘caridad’ que la superestrella realiza a los lugares donde hay una hambruna, donde el analfabetismo es endémico o donde las mujeres son sistemáticamente maltratadas. La superestrella aparece sin maquillaje, con ropas deportivas e informales y con cara de circunstancias en el curso de esas visitas, dando así una imagen de solidaridad y preocupación por este tipo de situaciones. Sin embargo, según la señora Lindo, al parecer este tipo de actividades tienen más que ver con la publicidad de la propia estrella, que con la intención de llamar la atención sobre esas situaciones de marginación.

Si esto es así y parece bastante probable, lo que nos señala es hasta qué punto la frivolidad se ha instalado en una sociedad, en la que el espectáculo de la pobreza y la exclusión sirve de reclamo para aumentar la popularidad de un cantante, un actor o un deportista. Pero ya se sabe que el llamado tradicionalmente mundo de la farándula es un mundo de por sí frívolo. Lo que ya no es tan aceptable es que nos sirvan estos personajes de excusa para mirar a otro lado, para argumentar con la crisis y para decir cosas como: ¡Si yo ganara lo que esta señora o este señor, también haría caridad!

Tenemos que ser conscientes de que vivir en el Primer Mundo, conservar el trabajo y una remuneración digna o detentar unos derechos es simple cuestión de casualidad. Que lo que somos y tenemos, aunque nos haya costado esfuerzo, se nos ha dado gratuitamente, y que hay otros que por más que se esfuercen siempre permanecen al borde de las situaciones de confort y de esperanza. Esta realidad de lo gratuito que es nuestro bienestar, además, pone de manifiesto que, en buena medida, se ha construido sobre el malestar de otros que son en todo tan dignos como nosotros.

Así que, por una parte no nos dejemos engañar por el ejercicio ‘solidario’ de algunos ‘famosos’, ni dejemos en sus manos la parte que nos corresponde para lograr un mundo más justo.

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