Las lluvias torrenciales dan otro duro golpe a Guatemala

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Las catástrofes naturales siguen cebándose con Guatemala. Tras las últimas lluvias torrenciales, cuyos efectos se cobraron 46 vidas a principios de este mes, el país lucha por volver a recuperarse de las millonarias pérdidas en cosechas e infraestructuras echadas a perder. Desde Fe y Alegría Guatemala, socio local de Entreculturas en el terreno, informan de que varios centros escolares han quedado incomunicados por los derrumbes.

Los efectos del cambio climático vuelven a dejarse sentir en Guatemala con terribles consecuencias,  apenas cuatro meses después de la catástrofe que supuso la erupción del volcán Pacaya unida a la tormenta Agatha. En esta ocasión, con la temporada de lluvias más intensa de los últimos 60 años. A principios de este mes, 46 personas murieron debido a los derrumbes provocados por las últimas lluvias torrenciales, las cuales han terminado con alrededor del 50% de las cosechas de maíz, frijol y verduras, y con gran parte de las vías de comunicación.


En un país donde, según las cifras de Unicef, la desnutrición crónica afecta al 49% de la niñez, desastres naturales como éste hacen un daño mucho mayor. Y más cuando se suceden sin dar tiempo a la población para recuperarse. Con el recuerdo del pasado mes de mayo todavía muy presente, el director de Fe y Alegría Guatemala, Miquel Cortés SJ, ha contado a Entreculturas  que “todo el país está conmocionado por tanta desgracia. Las escenas de impotencia y de fragilidad se suceden día tras día”.

Entre la población campesina, quien no ha perdido las cosechas por las inundaciones lo ha hecho por la imposibilidad de llevar los productos al mercado, ya que las carreteras están intransitables. Cortés explica que, junto a las comunidades rurales, las de las barrancas marginales de la capital son las más afectadas.

En cuanto a los centros de Fe y Alegría en el país, los derrumbes en puentes y carreteras han dejado los de los departamentos de Chiquimula, Totonicapán y San Marcos incomunicados. Son en su mayoría escuelas multigrado en aldeas del campo, cuyo acceso se ha hecho prácticamente imposible para los maestros. “Hemos tenido que cancelar el trabajo de construcción de aulas y  también algunas visitas de seguimiento pedagógico y administrativo en estas zonas”, cuenta el responsable de Fe y Alegría en el país.

A pesar de todo, desde la organización mantienen “la esperanza de que la solidaridad hará posible restablecer las condiciones de vida de nuestros hermanos y hermanas”, dice Cortés, añadiendo que “desde Fe y Alegría seguimos trabajando por una educación de calidad en situaciones de vulnerabilidad, con la certeza de que nuestra labor dará sus frutos.”

Afortunadamente en el Dpto. de Quetzaltenango, donde está el Hogar, no ha habido tantos destrozos, aunque los caminos para llegar a él se han deteriorado considerablemente.

 

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